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Mostrando las entradas etiquetadas como Cotidiano

Lo incontrolable

Son las 4 de la mañana, hace màs de 20 minutos que espero el colectivo parada en la estación de metrobus , muero de frio.  Tengo muchas ganas de hacer pis. Trato de pensar en otra cosa. Busco mi celular para escuchar música, no tiene batería. Revuelvo  mi cartera y no encuentro con que distraerme: ni un libro, ni un volante, ni el suplemento barrial de un diario.  Saco un cuaderno y una lapicera para empezar a escribir, pero en mi cabeza sólo estaba el sonido constante de una canilla abierta. Empiezo a tararear una canción, pero no puedo concentrarme: piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiis, muchaaaaaaaaaaaaaaaaaa pissssssssssss  Camino  de un lado a otro de la estación, moviendo mucho los pies. Las personas de la estación empiezan a mirarme extrañadas. Me muevo tanto que tengo el aspecto de una persona a la que está  a punto de darle un ataque de epilepsia. Que miràs pibe? Nunca viste a una mujer muriéndose de ganas de hacer pis?  Me siento en los bancos fríos y d...

Una piedra al borde del mar

Cuando sólo tenía 4 años me encerraba en un armario a comer del latón de Nesquick a cucharadas. No me prohibían que lo comiera sentada en la mesa y a la vista de todo aquel que quisiera posar los ojos sobre una niña, que comía como si fuera la última vez, ese chocolate que se hacía un pasta en la boca hasta lograr asquear. Me encantaba hacerlo a escondidas, acurrucada y con la boca casi dentro de la lata y donde solo dejaba espacio para que entre la cuchara. Me gustaba satisfacer mis deseos a escondidas. No me gustaba que nadie me mirara mientras hacía algo con el mayor de los placeres. No me gustaba compartirlo con nadie, ni con mi gato, que insistía con sus uñas para que abriera la puerta y lo dejara entrar. Hay costumbres que nunca se dejan. Uno acude a ellos como si fueran “instrucciones para la vida” cada vez que debe dar un paso. Ya no como Nesquick a cucharadas….ya no entraría en aquel armario que viejo y descolorido todavía esta en la cocina de la casa de mis abuelos. Per...

Amaneciendo

Abrí un ojo sin saber que hora era. Un haz de luz se zambullía en el cuarto a través de las persianas. La gata insistía con su patita sobre mi cabeza y con su ronroneo incesante para que me despertara. Miré el reloj y supe que ese día me podía dar el permitido de estar un rato más bajo las colchas, aunque a mi gata la idea no la convenciera. Sentí la necesidad de hacer un lista mental de todas las cosas que ese día debía decidir, hacia donde ir, qué hacer; cerré los ojos, acomodé la cabeza sobre la almohada, traté de quitarle las arrugas con mis pies a las sábanas; y me quedé pensando en que nada grave puede suceder mientras uno duerme.

Gente Pro

Tengo debilidades por las conversaciones ajenas, lo acepto. Más se si trata de un día en el que tengo que tomar decisiones, y lo único que quiero hacer es evadirme. Entonces y casi sin darme cuenta, comencé a prestarle atención a una madre y a su hija que iban charlando en el colectivo. Las dos reían, y hablaban de nosequecosa. Estaba fuera del radio en la que sus voces podían escucharse claramente. Uds. dirá Doña Rosa ¿Y como es que usted sabe, señorita, que eran madre e hija? Muy simple, ella decía cada dos frases “ay, mamá” mientras se ruborizaba y sacudía una de sus manos en forma descendente. Fui acercándome, y finalmente encontré un lugar estratégico para escucharlas. La hija le preguntaba- Ma ¿a vos también te están picando los mosquitos? - ¿Ahora? No. Igual hay una invasión. Dicen que ya hay casos de Dengue, viste? Parece que volvió el Dengue. - ¿Ya se detectaron casos? - Sí, igual hoy escuchaba en la radio que se crían en las casas. No en los parques o en las plazas. ...