domingo, 20 de abril de 2014

Lo incontrolable

Son las 4 de la mañana, hace màs de 20 minutos que espero el colectivo parada en la estación de metrobus , muero de frio.  Tengo muchas ganas de hacer pis. Trato de pensar en otra cosa. Busco mi celular para escuchar música, no tiene batería. Revuelvo  mi cartera y no encuentro con que distraerme: ni un libro, ni un volante, ni el suplemento barrial de un diario.  Saco un cuaderno y una lapicera para empezar a escribir, pero en mi cabeza sólo estaba el sonido constante de una canilla abierta. Empiezo a tararear una canción, pero no puedo concentrarme: piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiis, muchaaaaaaaaaaaaaaaaaa pissssssssssss  Camino  de un lado a otro de la estación, moviendo mucho los pies. Las personas de la estación empiezan a mirarme extrañadas. Me muevo tanto que tengo el aspecto de una persona a la que está  a punto de darle un ataque de epilepsia. Que miràs pibe? Nunca viste a una mujer muriéndose de ganas de hacer pis?  Me siento en los bancos fríos y duros de la estación. Aprieto mi vagina entre las piernas. Siento que en cualquier momento voy a sentir un chorro caliente entre mis piernas,  y  la tranquilidad  en mi cuerpo.  Tengo un largo viaje hasta mi casa, no puedo ir toda meada, voy a tener más frio que el que estoy sintiendo ahora. Quiero tener pito,  y que sea todo más sencillo. Barajo la idea de ir a hacer pis entre dos autos, como cuando era adolescente.  No hay mucha gente en la calle, debía caminar alejándome de la avenida, no me animo. Soy mujer, y me tenía que desnudar mucho, sentí miedo que me hicieran algo y ser la responsable.  Se asoma un colectivo. No llego a ver qué número dice, es rojo. Se me acelera el corazón, cruzo los dedos y por un instante soy creyente y le ruego a dios que sea.  Es el 110. Tengo que seguir esperando. Pienso en irme a tomar un taxi. Pedirle que pare en un lugar donde haya un baño y seguir hasta mi casa. Me iba a salir muy  caro. Dudo. Tengo plata, pero no quiero gastar tanto. Odio vivir lejos, me siento sola, quiero tener a alguien a quien llamar y decirle si puedo ir a dormir a su casa. Tendrìa que haberlo histeriqueado un poco más en el bar.  Sonreir, tocarme el pelo, rozarle casi sin querer la mano mientras agarraba el vaso de cerveza, hablarle en el oído porque la música estaba muy fuete. No irme sola,  no pasar por esto.  La soledad, el frio, esperar un colectivo que no viene  y las ganas de hacer pis no son buena compañía.  Aunque él tampoco.

 Viene el colectivo lleno como si fuera la hora pico. Me subo por la puerta de atrás. Paso entre la gente intentando no pisar a nadie.  El colectivo agarra un pozo y siento un chorrito caliente entre mis piernas.  Concentrate ya no falta tanto, lo peor ya pasó. Ya falta poco. No deben faltar más de cinco minutos.  Pero ya no doy más. Empiezo a llorar y se hace todo incontrolable.