jueves, 22 de julio de 2010

Operación

Uno de los momentos en los cuales me sentí más vulnerable es cuando entré a un quirófano. Estaba desnuda, bajo esa bata que tiene 2 piolines de cada lado, una especie de pantuflas en los pies, y una cofia que te tapa la cabeza. Nunca entendí, para qué te tapan los pies, si estas toda desnuda. ¿Será que es verdad lo que se dice, y que para mantener el calor corporal, lo más importante es tener los pies calentitos?
Era una operación sencilla, o al menos eso decía el médico. La vesícula tenía piedras y había que sacarla.
Cuando entre al quirófano, me recibió un chico muy lindo. Gordito, con cara de bueno, y simpatico. Me gustó. Que situación incomoda para que te guste alguien. Yo desnuda alli, mientras 2 personas me cambiaban de camilla, rogando que puedieran levantar mi cuerpo, y no caerme al suelo en el intento. No soy lo que se dice una pluma.
- Hola, ¿Daniela?
- Sí, ¿como sabias? – Yo intentaba hacerme la superada y la simpatica
- Tenes cara de Daniela. Te pareces a una ex novia que tuve que no se llamaba Daniela, pero que perfectamente se podía haber llamado así.
- Dejame adivinar a mi ahora,¿sos Facundo?
- Sí, así me puso mi hermano al nacer. Fecha de nacimiento y signo
- Trece del diez de mil nueve ochenta y uno y soy de Libra.
- Y es la primera vez que venís a este sanatorio, o te perdieron la historia clínica?
- Es la primera vez.
- ¿Con quien estas? ¿Con quien viniste? Creo que afuera vi a tu papá, a no ser que sea tu marido, bah tú novio porque la historia clínica dice que sos soltera. ¡Cómo me gustaría tener la historia clinica de todas las chicas, para saber de antemano todos estos datos!
- Para eso existe el facebook. No se con cual de los tres te habrás cruzado. Uno es mi papá, el segundo es mi padrastro, y el otro es mi hermano.
- Si, es verdad, pero algunas mienten. Ponen solteras, y resulta que hace años que estan de novia. Acá no se puede mentir.
- Es que si estas de novia, seguis siendo soltera. Creo que el facebook es más efectivo. Al menos podes poner en una relación.
- Voy a hacer una campaña, para que pongan en las historias clinicas, una foto de cuerpo entero, y en el estado civil, si estan de novias o no. Igual espérame que ahora te cuento mi historia.
- Sí, quedate tranquilo que no me voy a ir.
- Ojalá todas las mujeres me contestaran lo mismo.

Mientras charlabamos, Facundo, me cambiaba la bata, acomodaba la camilla, me tapaba con una sabanita, me ponía el suero. Yo lo miraba fijo y sonreía. Como sino me diera cuenta, aunque me moría de vergüenza.
El volvió con una inyección,esto va a doler un poco
-Mi mamá se casó con el hermano de mi papá. O sea mi tio, y tuvo más hijos con él, por lo que tengo, hermanos que son mis primos también. Mi papá se volvió a casar, asi que también tengo hermanastros por el lado de él. ¿Te duele?
-Un poco. – Me dolía muchísimo. Tenía ganas de putear.
-Avisame si te duele. Bueno ahora vas a sentir un leve mareo, y te vas a empezar a dormir. Pero contame, ¿te operaron alguna vez?
-Sí, del corazón cuando era muy chiquita. Ductus del conducto arterioso.
-Aha, ¿Y sos alérgica a algo?
-Creo que no. Pero estas preguntas, no me las tendrías que haber echo antes. Ahora ya no me siento bien.
-Quedate tranqui, todo esta escrito en tu historia clinica. Sólo es para chequear que seas vos, y no te hagamos una operación de juanetes, si te tenemos que hacer una de vesícula.
-No me causa gracia.
- Te hablo, porque en un momento vas a estar dormida, y no me vas a responder más. ¿O preferís que te diga que cuentes hasta 100?

Yo ya no respondí. O no me acuerdo nada.

Me desperté llorando.
- Ya está. Ya te operamos y salió todo bien. No llores- Me dijo una de las enfermeras.
Yo me tocaba, debajo del brazo. Por un momentó sentí que tenía cuatro años, y que acababa de salir de la operación de corazón. “Saca la mano Antonio que mamá está en la cocina, dame un beso Lupita que tu mami no nos mira…”, cantaban Las Primas en la radio del quirófano. Yo lloraba y pedía por mi mamá.
- Te abrimos acá, en la panza. Por que te tocas debajo del brazo, te duele?
Yo hice que no con la cabeza, aunque no le podía explicar lo que me estaba pasando.
Escuche a Facundo a lo lejos que decía: “¿Vamos a tomar unas birritas, Doc?
-Facu, ya se despertó.
Me miró, sonrió y dijo "parece que tus viejos no estaban muy preocupados. Subí a buscarlos al bar y estaba tu vieja, el marido y tu viejo tomando café. Los tres se reían a carcajadas. ¡Que genia tu vieja!"
No emití sonido.Todavía no entendía mucho lo que estaba pasando.
-Bueno linda, espero verte pronto. Suerte.
-Yo la verdad que no.

miércoles, 9 de junio de 2010

Con ganas de hacer puchero

Me despierto y respiro profundo intentando que la angustia deje entrar aire a mis pulmones. Bajo los pies de la cama y, esquivando todas las cosas que están tiradas en el suelo, salgo de mi cuarto. Bajo las escaleras con el pijama puesto y en pantuflas. Ojala esté sola en casa. Prendo la estufa. Suri ronronea y se sienta tan cerca del fuego que se le queman los bigotes.
Pongo a hervir en una olla grande con mucha sal gruesa; carne, perejil, laurel, apio, puerros y cebollas. Espero una hora, mientras tomo unos mates, y paseo por la casa. Luego agrego el repollo, las zanahorias, las papas, los choclos y el zapallo. Cuando las papas están tiernitas, listo el puchero y sin pelar la gallina.
O me siento en un rincón de la casa, me acurruco, llevo mis piernas contra el pecho, bajo la mirada, frunzo el ceño, achico mis ojos y pongo la boca en “trompita”. Intento que las lágrimas no broten por mis ojos, porque eso, ya no es un puchero. Eso, es otra cosa.

domingo, 14 de marzo de 2010

Politicos Esdrújulos

En una reunión pública había:
politólogos, comunicólogos, ginecólogos, cardiólogos,
hematólogos, proctólogos, antropólogos, geólogos,
arqueólogos, sociólogos, oftalmólogos y tantos ólogos...
que no entrarían en un zoológico,
ni en el índice telefónico.

Eran imbéciles, raquíticos, políglotas, alcohólicos.
Estúpidos, impúdicos, fantásticos, diabólicos.
Dinámicos, anárquicos, utópicos, patéticos.

El comunicólogo histérico y afónico
Comunicó el decreto del político monárquico.
El politólogo gritó: ¡Diabólico!
El odontólogo: ¡Alcohólico!
El senadólogo: ¡Apático!
El proctólogo: ¡Caótico!
El sociólogo: ¡Ilógico!
El cardiólogo: ¡Arrítmico!
El diputólogo; ¡Utópico!
El arqueólogo: ¡Exótico!
Y el oficiólogo gritó: ¡Fantástico!

Se produjo un caos apocalíptico,
comenzó un momento épico.
Hasta que un grupo monopólico
tuvo un pensamiento analítico,
y repartió analgésicos, antibióticos,
amnésicos y anestésicos.

Los chinos tomaron amoníaco,
y emprendieron un viaje psicodélico,
hacía un ámbito anárquico y acuático
hacia un lugar lacónico y soviético.

Algunos impúdicos
ofrecieron a un nuevo político
para dejar este capítulo
sin orden alfabético.


Nota: “Cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad.” Agarrate Catalina

viernes, 5 de marzo de 2010

De artesanías y gitanas.

El sábado y después de muchos intentos fallidos, fui a la plaza de mi barrio, donde sabía que había una feria a tirar un paño con unos monederitos y carteras que hago tejidos al crochet. Nunca pensé que iba a poder hacerlo. Pero tampoco nunca me lo propuse, nunca tuve la necesidad. Siempre me dedique a trabajos donde lo más importante era pensar, o hacer trabajos automáticos detrás de una computadora..
Llegué a la plaza y me di cuenta que la feria no se hacia ese día, sino los domingos. No había mucha gente, era temprano. Estuve a punto de desandar mis pasos, y volver por donde había venido, prometiéndome que al otro día volvería, pero me dije NO. Eso que dejo de hacer luego de prometerme una y otra vez que esta vez sí lo haría, es como un collar de garrafas que me pesan sobre el cuello. “Me siento, armo el mate, y tiro en frente mío el paño… si alguien compra algo mejor…. Sino dedico el día a disfrutar del sol en la plaza, mientras mi cabeza divaga en alguna idea, en alguna imagen.” Ese es uno de los pasatiempos que más disfruto.
Me senté en el pasto, armé el paño y me dispuse a armar el mate. Mientras sacaba de mi mochila las lanas para comenzar a tejer, una voz a mis espaldas dice “¿Tenés un cigarro?” Me asusté. Di vuelta mi cabeza y vi una gitana… Moví mi cabeza de izquierda a derecha, sin pronunciar palabra. Cuando era adolescente una gitana quiso leerme las líneas de la mano mientras me sacaba las únicas monedas que tenía. Desde ese momento les tengo miedo.
-¿Cuánto salen los bolsitos? ¿Haces más grandes?
- Si, puedo hacerlos más grandes. Salen 40.
- Le voy a decir a las chicas que vengan a comprarte.- me dijo mientras se alejaba y se sentaba en uno de los bancos de la plaza
Mientras empezaba tejer el “bolsito más grande” la hija de la gitana se acercó a mi… Se sentó frente al paño y comenzó a interrogarme.
-¡Que lindo! ¿Vos los haces?
-Si
- ¿y es difícil?
- No.- Si hay algo que disfruto es charlar con extraños. Pero no podía sacarme el prejuicio de la cabeza pese a que era una nena de unos 10 años.
- ¿Hace mucho que tejes?
- Si, desde que tengo tu edad, mas o menos.
- ¿Y vos cuantos años tenés?
- veintiocho
- Pareces más vieja.
Me causó gracia su sinceridad, ese permiso que se dan los chicos en decir lo que quieren, escudándose en su corta edad.
-¿Si?
- Si, un poco, no mucho.
- Menos mal
- Nunca te vi en la plaza.
- Es la primera vez que vengo.
- Pero tenés que sentarte donde pase más gente. Acá no te ve nadie. Por ejemplo en las escalinatas, o acercarte a la gente y ofrecerlo. Yo por ejemplo cuando estoy aburrida en mi casa salgo a vender unas pulseritas. También se las vendo a mis amigas.
-¿Y vendes mucho?
- Nunca hice muchas, pero cuando salgo vendo todas las que tengo.
- ¿Y quien te enseño?
- Viste que nosotros somos gitanos, en mi casa se vende todo. Hasta se les paga a los hombres para que se casen con las mujeres. Y las mujeres cuando no hay plata salen a la calle a ver que pueden vender. Igual yo creo que mi mamá sale cuando no lo aguanta más a mi papá. El vende autos que tiene en la puerta de casa. El único de mi familia que era multimillonario y que no se dedicó a la venta de autos fue mi abuelo. El tenía una empresa, y trabajaba fuera de casa. Pero eso es muy raro para los gitanos. ¿Vos nunca vendiste nada?
- No, nunca salí a vender nada.
- ¿Te mantiene tu marido?
- No. Antes trabajaba en una empresa, y no tengo marido.
Ella empezó a preguntarme los precios de los monederitos, de las carteras, de los prendederos.
- ¿Y para todos es el mismo precio?
- Si.
- No, vos tenes que ponerle el precio según la persona que quiera comprar. Eso hace mi papá con los autos. ¿Y esto? ¿que es?
- Un prendedor.
- Yo creo que si aprendes a vender, puede funcionar esto que estas haciendo. Sobre todo ofréceselos a mujeres solteras.
- ¿Y como sé que son solteras?
- Porque las casadas andan con un montón de hijos. Las solteras se ponen lindas para que los hombres se quieran casar con ellas. Y si se ponen un prendedor como el tuyo van a llamar la atención ¿Y ahora que estas tejiendo?
- Un bolsito que mi pidió esa señora que esta sentada allá, es tu mamá no?
- ¿Y ya te lo pagó?
- No, se lo voy a cobrar cuando lo termine.
- Mirá que mi mamá es muy mentirosa, vos tenés que cobrarle antes.
- No puedo cobrar por algo que todavía no tengo.
- Mi papá cobra por adelantado por autos que todavía no tiene. Bueno me voy a ir porque mi mamá me esta llamando.
- Dale. Gracias por los consejos.
- De nada. Y espero verte mañana.

Se levantó y fue a sentarse junto a su madre en uno de los bancos de la plaza. Mientras guardaba mis cosas y caminaba hacia las escalinatas, me quedé pensando en la clase magistral que me había dado una nena de 10 años.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Viaje al Sur

Nunca había ido a Quilmes, ni me había tomado el tren Roca. La estación de Constitución era un hervidero de personas, que no se miraban, y se veían con desconfianza. Caminaban rápido pero con pasos cortos y seguros, esquivando a las personas que venían en sentido contrario.
Eran esos días de alerta naranja, dos niños de unos 10 años dormían desparramados en el suelo debajo de uno de los enormes ventiladores que hay en la estación. Se habían sacado la remera y las usaban como falsas almohadas. Una mujer dijo por arriba del hombro “¡Por Dios!, ¿Donde están los padres de esos chicos?” Yo pensé aunque no dije nada ¿Tendrán padres? Y si es que los tienen, ¿tendrán plata para darles de comer? ¿Irán al colegio? O simplemente su vida se repartirá entre dormir en un lugar fresco o calentito, y rebuscárselas para comer algo cada tanto.
Tenía que tomarme el tren del andén 10, que ya había llegado. ¿Para donde irán el resto de los trenes que estaban en la estación? Caminé hasta encontrar un vagón más vacío. Mucha gente se había subido al primero y allí se había quedado.
Finalmente subí en el cuarto vagón y me senté en frente de una pareja, que debían ser paraguayos por su tonada. Ellos iban charlando, se miraban con cariño, y se rozaban con las manos. Yo siempre fui una “mal-aprendida”, y para mi no hay mejor “pasatiempo” que charlar con extraños, así que les pregunté si ese era el tren que nos llevaba a Quilmes, y cuantas estaciones nos separaban de mi destino. Fui sincera, no tenía ni la menor idea donde iba. Ella me miró y sonrió con los ojos.
Él un poco irónicamente me preguntó:
- ¿De donde eres?
- Vivo en Capital , en el barrio de Flores.
- Ah, ¿y que haces por el Sur? – Me miraba un poco con desconfianza….
Pensé que la verdad era un poco absurda, y que quizás no me creyera, pero no tuve la rapidez mental de buscar otra excusa.
- Tengo una entrevista de trabajo.
- ¿En serio? Yo viajo todos los días a Capital y vos vas ir al revés?
- Necesito trabajar, y si eso significa viajar todos los días a Quilmes….- Lo que no dije, porque creí que no le iba a importar, es que yo siempre iba un poco en contra de la corriente, y que estaba empezando a gustarme.
Creo que no me creyó. A ella nuestra charla dejó de interesarle. Nos interrumpió para empezar a nombrar una por una todas las estaciones, mientras agregaba en su mano un dedo más que apuntaba al cielo, que nos separaban de la estación de Quilmes.
- Seis. – y se puso los auriculares del Mp3 que llevaba en sus manos.
- Igual nosotros nos bajamos una estación después que vos. - dijo él
- Gracias.
Yo gire mi cuerpo y dejé de mirarlos. Debía concentrarme en contar las estaciones, y no comenzar a divagar con la primera imagen o idea que se me cruzara.
Ellos se acomodaron en sus asientos, ella apoyó su cabeza en el hombro de él, y cerró los ojos. El comenzó a mirar por la ventanilla, hasta que el sueño lo venció y empezó a cabecear al compás del tren.
Mientras iba pensando en la entrevista, y rogaba con los dedos cruzados que sea la última y la definitiva, pasamos la segunda estación.
Alli subió una chica muy linda, llamativa. Los hombres del vagón creo que pensaron lo mismo. Inclinaba su cuerpo para el lado contrario en el que llevaba un gran bolso deportivo, se movía con soltura, y esquivaba las miradas. A pesar que su cuerpo decía que era una mujer, su cara de nena decía otra cosa. Llevaba colgado en su cuello, y entre sus tetas una gran cruz de madera. Se sentó al lado mío, y empezó a escuchar en su celular, al igual que todos los pasajeros del vagón, los hits del regatón. La parejita se despertó, pero ni siquiera la miraron.
Mientras oíamos “si tu supieras que me pasa cada vez que te veo, quisiera confesarte lo que siento y no me atrevo” y, ella tarareaba sin voz la canción , entró un señor que ofrecía por la “módica suma de dos pesos” unos bichos chiquitos de plásticos que al estar en contacto con el agua se agrandan. “Los ponen en el agua, y después de una semana los monstruos estarán así” .Casi el triple de tamaño. La gente lo ignoraba y el vendedor pasaba por al lado de los pasajeros y decía “Gracias señora ¿alguien más quiere uno?” Sólo una viejita compró 2, y el señor volvió a repetir el procedimiento que debe seguir por el cual el bicho se transformaba en una cosa amorfa que flota en el agua.
El vagón se llenó de una nueva musicalidad, entre el ruido del tren en marcha, los hitazzos de regatón, se sumaron los mejores lentos de los 90. Mi acompañante dejo el mando de la musicalización al hombre que vendía los Cds, y apagó su celular.
El nuevo DJ cambiaba cada 10 segundos de una canción a otra. El se acercó a un nene con una camiseta de boca y le dijo: “Ustedes si que tuvieron suerte, ganaron por la lluvia”. Él nene sonrió, y el hombre antes de bajarse del tren en movimiento le palmeó el hombro. La madre se lo quedó mirando, no entendió el código que el hombre y el niño compartían. .
“¡Esta es Quilmes! Bajate”. No alcancé a reponerme del susto que me había generado el grito, que ya estaba en el andén. Había llegado a Quilmes y todavía me restaba encontrar el lugar en donde se definiría si empezaba a encontrar trabajo, o debía seguir buscando.

lunes, 11 de enero de 2010

Una piedra al borde del mar

Cuando sólo tenía 4 años me encerraba en un armario a comer del latón de Nesquick a cucharadas. No me prohibían que lo comiera sentada en la mesa y a la vista de todo aquel que quisiera posar los ojos sobre una niña, que comía como si fuera la última vez, ese chocolate que se hacía un pasta en la boca hasta lograr asquear. Me encantaba hacerlo a escondidas, acurrucada y con la boca casi dentro de la lata y donde solo dejaba espacio para que entre la cuchara. Me gustaba satisfacer mis deseos a escondidas. No me gustaba que nadie me mirara mientras hacía algo con el mayor de los placeres. No me gustaba compartirlo con nadie, ni con mi gato, que insistía con sus uñas para que abriera la puerta y lo dejara entrar.
Hay costumbres que nunca se dejan. Uno acude a ellos como si fueran “instrucciones para la vida” cada vez que debe dar un paso. Ya no como Nesquick a cucharadas….ya no entraría en aquel armario que viejo y descolorido todavía esta en la cocina de la casa de mis abuelos. Pero la costumbre de satisfacer placeres a escondidas, quedó intacta. No me gusta que nadie vea mi disfrute, nadie se inmiscuya en mis placeres. No sólo los carnales, todo tipo de placeres. Cuando presiento que alguien esta mirando mi cara de disfrute la escondo tras alguna careta que con los años he aprendido a perfeccionar.
Puedo mostrar fácilmente mis argumentos intelectuales en una discusión, que para mi, siempre son una guerra donde sino salgo victoriosa al menos no pierdo la batalla. No estoy segura de lo que pienso, pero mis palabras mis gestos, mi entonación podría convencer a cualquier infeliz que la gomina y el gel no son lo mismo. He aprendido a defender mis argumentos intelectuales como los gatos defienden su comida, hasta se me eriza la piel y se me ponen los pelos de punta, como lista para una ataque. No me gusta equivocarme y puedo defender mi posición ante situaciones muy osadas. Pero si de mis deseos se habla… los congelo, no los muestro, creo una coraza difícil de franquear y de llegar. Soy como una piedra al borde del mar que el agua moja pero no traspasa.

* Hoy quiero que el agua traspase la piedra, que de a poco, se fue agrietando

Amaneciendo

Abrí un ojo sin saber que hora era. Un haz de luz se zambullía en el cuarto a través de las persianas. La gata insistía con su patita sobre mi cabeza y con su ronroneo incesante para que me despertara. Miré el reloj y supe que ese día me podía dar el permitido de estar un rato más bajo las colchas, aunque a mi gata la idea no la convenciera. Sentí la necesidad de hacer un lista mental de todas las cosas que ese día debía decidir, hacia donde ir, qué hacer; cerré los ojos, acomodé la cabeza sobre la almohada, traté de quitarle las arrugas con mis pies a las sábanas; y me quedé pensando en que nada grave puede suceder mientras uno duerme.

Gente Pro

Tengo debilidades por las conversaciones ajenas, lo acepto. Más se si trata de un día en el que tengo que tomar decisiones, y lo único que quiero hacer es evadirme. Entonces y casi sin darme cuenta, comencé a prestarle atención a una madre y a su hija que iban charlando en el colectivo. Las dos reían, y hablaban de nosequecosa. Estaba fuera del radio en la que sus voces podían escucharse claramente. Uds. dirá Doña Rosa ¿Y como es que usted sabe, señorita, que eran madre e hija? Muy simple, ella decía cada dos frases “ay, mamá” mientras se ruborizaba y sacudía una de sus manos en forma descendente.
Fui acercándome, y finalmente encontré un lugar estratégico para escucharlas.
La hija le preguntaba- Ma ¿a vos también te están picando los mosquitos?
- ¿Ahora? No. Igual hay una invasión. Dicen que ya hay casos de Dengue, viste? Parece que volvió el Dengue.
- ¿Ya se detectaron casos?
- Sí, igual hoy escuchaba en la radio que se crían en las casas. No en los parques o en las plazas.
- Igual se forman en el agua limpia, viste que dicen que hay que tirar en las piletas mucho cloro, o esos peces que comen las larvas, parece.
- Imaginate estar nadando y comerte uno de esos bichos- decía la madre entre carcajadas
- Los casos igual no son en Capital, no? Todavía no llegó aca….
- Imaginate con la cantidad de agua que hay estancada en las zanjas de las calles de la provincia de buenos aires…. Eso es un criadero de bichos.
- No ma, te dije que se crían sólo en el agua limpia. Pero ¿no detectaron ningún caso en capital, no?
- No, creo que sólo en la provincia de Buenos Aires. Viste que ahí están todos los paraguayos, viste que dicen que lo trajeron ellos. Ellos y los bolivianos de la triple frontera. Viste Gmngkgñyughjb …..- un bocinazo no me dejó escuchar el resto de la frase.
Todos los que estábamos en el colectivo miramos hacia afuera.
- Mirá, ahí está la casa donde me compré esa camisita tan linda y taaaaan barata.
- ¡Sí, es una hermosura! tenemos que venir a ver que hay en la nueva temporada.
En ese momento me di cuenta que ya estaba llegando a mi casa.
Y yo que esa mañana tenía ganas de discutir,
me acerqué hacia la puerta,
toqué el timbre y
bajé del colectivo.

jueves, 7 de enero de 2010

Reedición

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.Hoy, mientras me desperezaba, pensé que cuando yo tenía 10 años tenía un blog, aunque todavía no existieran Me despercon la imagen del cuaderno rojo de tapas duras forrado con papel araña en el que yo escria cuando era niña.  Allí volcaba mis primeras letras, mis primeros cuentos. La metodología era la siguiente, buscaba una imagen que me gustara, podía ser de una revista,  de en un libro, una figurita, un papel de caramelo. Si podía, la recortaba y la pegaba cuidadosamente en el cuaderno; sino lo dibujaba, aunque no fuera mi fuerte. Luego escria historias, cuentos, anécdotas, en base a esas imágenes que primero descria muy detalladamente. Me gustaría poder recuperarlo, pero vaya a saber uno en que mudanza habrá quedado olvidado. Hoy, 18 años desps deciabrir este blog y  reeditarlo. Recuperar un poco mi historia, y  parafraseando a  Galeano, empezar a escribir para  juntar  de a poco mis pedazos.