domingo, 14 de marzo de 2010

Politicos Esdrújulos

En una reunión pública había:
politólogos, comunicólogos, ginecólogos, cardiólogos,
hematólogos, proctólogos, antropólogos, geólogos,
arqueólogos, sociólogos, oftalmólogos y tantos ólogos...
que no entrarían en un zoológico,
ni en el índice telefónico.

Eran imbéciles, raquíticos, políglotas, alcohólicos.
Estúpidos, impúdicos, fantásticos, diabólicos.
Dinámicos, anárquicos, utópicos, patéticos.

El comunicólogo histérico y afónico
Comunicó el decreto del político monárquico.
El politólogo gritó: ¡Diabólico!
El odontólogo: ¡Alcohólico!
El senadólogo: ¡Apático!
El proctólogo: ¡Caótico!
El sociólogo: ¡Ilógico!
El cardiólogo: ¡Arrítmico!
El diputólogo; ¡Utópico!
El arqueólogo: ¡Exótico!
Y el oficiólogo gritó: ¡Fantástico!

Se produjo un caos apocalíptico,
comenzó un momento épico.
Hasta que un grupo monopólico
tuvo un pensamiento analítico,
y repartió analgésicos, antibióticos,
amnésicos y anestésicos.

Los chinos tomaron amoníaco,
y emprendieron un viaje psicodélico,
hacía un ámbito anárquico y acuático
hacia un lugar lacónico y soviético.

Algunos impúdicos
ofrecieron a un nuevo político
para dejar este capítulo
sin orden alfabético.


Nota: “Cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad.” Agarrate Catalina

viernes, 5 de marzo de 2010

De artesanías y gitanas.

El sábado y después de muchos intentos fallidos, fui a la plaza de mi barrio, donde sabía que había una feria a tirar un paño con unos monederitos y carteras que hago tejidos al crochet. Nunca pensé que iba a poder hacerlo. Pero tampoco nunca me lo propuse, nunca tuve la necesidad. Siempre me dedique a trabajos donde lo más importante era pensar, o hacer trabajos automáticos detrás de una computadora..
Llegué a la plaza y me di cuenta que la feria no se hacia ese día, sino los domingos. No había mucha gente, era temprano. Estuve a punto de desandar mis pasos, y volver por donde había venido, prometiéndome que al otro día volvería, pero me dije NO. Eso que dejo de hacer luego de prometerme una y otra vez que esta vez sí lo haría, es como un collar de garrafas que me pesan sobre el cuello. “Me siento, armo el mate, y tiro en frente mío el paño… si alguien compra algo mejor…. Sino dedico el día a disfrutar del sol en la plaza, mientras mi cabeza divaga en alguna idea, en alguna imagen.” Ese es uno de los pasatiempos que más disfruto.
Me senté en el pasto, armé el paño y me dispuse a armar el mate. Mientras sacaba de mi mochila las lanas para comenzar a tejer, una voz a mis espaldas dice “¿Tenés un cigarro?” Me asusté. Di vuelta mi cabeza y vi una gitana… Moví mi cabeza de izquierda a derecha, sin pronunciar palabra. Cuando era adolescente una gitana quiso leerme las líneas de la mano mientras me sacaba las únicas monedas que tenía. Desde ese momento les tengo miedo.
-¿Cuánto salen los bolsitos? ¿Haces más grandes?
- Si, puedo hacerlos más grandes. Salen 40.
- Le voy a decir a las chicas que vengan a comprarte.- me dijo mientras se alejaba y se sentaba en uno de los bancos de la plaza
Mientras empezaba tejer el “bolsito más grande” la hija de la gitana se acercó a mi… Se sentó frente al paño y comenzó a interrogarme.
-¡Que lindo! ¿Vos los haces?
-Si
- ¿y es difícil?
- No.- Si hay algo que disfruto es charlar con extraños. Pero no podía sacarme el prejuicio de la cabeza pese a que era una nena de unos 10 años.
- ¿Hace mucho que tejes?
- Si, desde que tengo tu edad, mas o menos.
- ¿Y vos cuantos años tenés?
- veintiocho
- Pareces más vieja.
Me causó gracia su sinceridad, ese permiso que se dan los chicos en decir lo que quieren, escudándose en su corta edad.
-¿Si?
- Si, un poco, no mucho.
- Menos mal
- Nunca te vi en la plaza.
- Es la primera vez que vengo.
- Pero tenés que sentarte donde pase más gente. Acá no te ve nadie. Por ejemplo en las escalinatas, o acercarte a la gente y ofrecerlo. Yo por ejemplo cuando estoy aburrida en mi casa salgo a vender unas pulseritas. También se las vendo a mis amigas.
-¿Y vendes mucho?
- Nunca hice muchas, pero cuando salgo vendo todas las que tengo.
- ¿Y quien te enseño?
- Viste que nosotros somos gitanos, en mi casa se vende todo. Hasta se les paga a los hombres para que se casen con las mujeres. Y las mujeres cuando no hay plata salen a la calle a ver que pueden vender. Igual yo creo que mi mamá sale cuando no lo aguanta más a mi papá. El vende autos que tiene en la puerta de casa. El único de mi familia que era multimillonario y que no se dedicó a la venta de autos fue mi abuelo. El tenía una empresa, y trabajaba fuera de casa. Pero eso es muy raro para los gitanos. ¿Vos nunca vendiste nada?
- No, nunca salí a vender nada.
- ¿Te mantiene tu marido?
- No. Antes trabajaba en una empresa, y no tengo marido.
Ella empezó a preguntarme los precios de los monederitos, de las carteras, de los prendederos.
- ¿Y para todos es el mismo precio?
- Si.
- No, vos tenes que ponerle el precio según la persona que quiera comprar. Eso hace mi papá con los autos. ¿Y esto? ¿que es?
- Un prendedor.
- Yo creo que si aprendes a vender, puede funcionar esto que estas haciendo. Sobre todo ofréceselos a mujeres solteras.
- ¿Y como sé que son solteras?
- Porque las casadas andan con un montón de hijos. Las solteras se ponen lindas para que los hombres se quieran casar con ellas. Y si se ponen un prendedor como el tuyo van a llamar la atención ¿Y ahora que estas tejiendo?
- Un bolsito que mi pidió esa señora que esta sentada allá, es tu mamá no?
- ¿Y ya te lo pagó?
- No, se lo voy a cobrar cuando lo termine.
- Mirá que mi mamá es muy mentirosa, vos tenés que cobrarle antes.
- No puedo cobrar por algo que todavía no tengo.
- Mi papá cobra por adelantado por autos que todavía no tiene. Bueno me voy a ir porque mi mamá me esta llamando.
- Dale. Gracias por los consejos.
- De nada. Y espero verte mañana.

Se levantó y fue a sentarse junto a su madre en uno de los bancos de la plaza. Mientras guardaba mis cosas y caminaba hacia las escalinatas, me quedé pensando en la clase magistral que me había dado una nena de 10 años.