lunes, 11 de enero de 2010

Una piedra al borde del mar

Cuando sólo tenía 4 años me encerraba en un armario a comer del latón de Nesquick a cucharadas. No me prohibían que lo comiera sentada en la mesa y a la vista de todo aquel que quisiera posar los ojos sobre una niña, que comía como si fuera la última vez, ese chocolate que se hacía un pasta en la boca hasta lograr asquear. Me encantaba hacerlo a escondidas, acurrucada y con la boca casi dentro de la lata y donde solo dejaba espacio para que entre la cuchara. Me gustaba satisfacer mis deseos a escondidas. No me gustaba que nadie me mirara mientras hacía algo con el mayor de los placeres. No me gustaba compartirlo con nadie, ni con mi gato, que insistía con sus uñas para que abriera la puerta y lo dejara entrar.
Hay costumbres que nunca se dejan. Uno acude a ellos como si fueran “instrucciones para la vida” cada vez que debe dar un paso. Ya no como Nesquick a cucharadas….ya no entraría en aquel armario que viejo y descolorido todavía esta en la cocina de la casa de mis abuelos. Pero la costumbre de satisfacer placeres a escondidas, quedó intacta. No me gusta que nadie vea mi disfrute, nadie se inmiscuya en mis placeres. No sólo los carnales, todo tipo de placeres. Cuando presiento que alguien esta mirando mi cara de disfrute la escondo tras alguna careta que con los años he aprendido a perfeccionar.
Puedo mostrar fácilmente mis argumentos intelectuales en una discusión, que para mi, siempre son una guerra donde sino salgo victoriosa al menos no pierdo la batalla. No estoy segura de lo que pienso, pero mis palabras mis gestos, mi entonación podría convencer a cualquier infeliz que la gomina y el gel no son lo mismo. He aprendido a defender mis argumentos intelectuales como los gatos defienden su comida, hasta se me eriza la piel y se me ponen los pelos de punta, como lista para una ataque. No me gusta equivocarme y puedo defender mi posición ante situaciones muy osadas. Pero si de mis deseos se habla… los congelo, no los muestro, creo una coraza difícil de franquear y de llegar. Soy como una piedra al borde del mar que el agua moja pero no traspasa.

* Hoy quiero que el agua traspase la piedra, que de a poco, se fue agrietando

Amaneciendo

Abrí un ojo sin saber que hora era. Un haz de luz se zambullía en el cuarto a través de las persianas. La gata insistía con su patita sobre mi cabeza y con su ronroneo incesante para que me despertara. Miré el reloj y supe que ese día me podía dar el permitido de estar un rato más bajo las colchas, aunque a mi gata la idea no la convenciera. Sentí la necesidad de hacer un lista mental de todas las cosas que ese día debía decidir, hacia donde ir, qué hacer; cerré los ojos, acomodé la cabeza sobre la almohada, traté de quitarle las arrugas con mis pies a las sábanas; y me quedé pensando en que nada grave puede suceder mientras uno duerme.

Gente Pro

Tengo debilidades por las conversaciones ajenas, lo acepto. Más se si trata de un día en el que tengo que tomar decisiones, y lo único que quiero hacer es evadirme. Entonces y casi sin darme cuenta, comencé a prestarle atención a una madre y a su hija que iban charlando en el colectivo. Las dos reían, y hablaban de nosequecosa. Estaba fuera del radio en la que sus voces podían escucharse claramente. Uds. dirá Doña Rosa ¿Y como es que usted sabe, señorita, que eran madre e hija? Muy simple, ella decía cada dos frases “ay, mamá” mientras se ruborizaba y sacudía una de sus manos en forma descendente.
Fui acercándome, y finalmente encontré un lugar estratégico para escucharlas.
La hija le preguntaba- Ma ¿a vos también te están picando los mosquitos?
- ¿Ahora? No. Igual hay una invasión. Dicen que ya hay casos de Dengue, viste? Parece que volvió el Dengue.
- ¿Ya se detectaron casos?
- Sí, igual hoy escuchaba en la radio que se crían en las casas. No en los parques o en las plazas.
- Igual se forman en el agua limpia, viste que dicen que hay que tirar en las piletas mucho cloro, o esos peces que comen las larvas, parece.
- Imaginate estar nadando y comerte uno de esos bichos- decía la madre entre carcajadas
- Los casos igual no son en Capital, no? Todavía no llegó aca….
- Imaginate con la cantidad de agua que hay estancada en las zanjas de las calles de la provincia de buenos aires…. Eso es un criadero de bichos.
- No ma, te dije que se crían sólo en el agua limpia. Pero ¿no detectaron ningún caso en capital, no?
- No, creo que sólo en la provincia de Buenos Aires. Viste que ahí están todos los paraguayos, viste que dicen que lo trajeron ellos. Ellos y los bolivianos de la triple frontera. Viste Gmngkgñyughjb …..- un bocinazo no me dejó escuchar el resto de la frase.
Todos los que estábamos en el colectivo miramos hacia afuera.
- Mirá, ahí está la casa donde me compré esa camisita tan linda y taaaaan barata.
- ¡Sí, es una hermosura! tenemos que venir a ver que hay en la nueva temporada.
En ese momento me di cuenta que ya estaba llegando a mi casa.
Y yo que esa mañana tenía ganas de discutir,
me acerqué hacia la puerta,
toqué el timbre y
bajé del colectivo.

jueves, 7 de enero de 2010

Reedición

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.Hoy, mientras me desperezaba, pensé que cuando yo tenía 10 años tenía un blog, aunque todavía no existieran Me despercon la imagen del cuaderno rojo de tapas duras forrado con papel araña en el que yo escria cuando era niña.  Allí volcaba mis primeras letras, mis primeros cuentos. La metodología era la siguiente, buscaba una imagen que me gustara, podía ser de una revista,  de en un libro, una figurita, un papel de caramelo. Si podía, la recortaba y la pegaba cuidadosamente en el cuaderno; sino lo dibujaba, aunque no fuera mi fuerte. Luego escria historias, cuentos, anécdotas, en base a esas imágenes que primero descria muy detalladamente. Me gustaría poder recuperarlo, pero vaya a saber uno en que mudanza habrá quedado olvidado. Hoy, 18 años desps deciabrir este blog y  reeditarlo. Recuperar un poco mi historia, y  parafraseando a  Galeano, empezar a escribir para  juntar  de a poco mis pedazos.